jueves, 25 de diciembre de 2025

It's a Wonderful Life / ¡Qué bello es vivir! (1946).

Mi puntuación como fan del cine (no experto crítico): 
☆☆☆☆ ----- Perfecta -----10/10 ------ No te la pierdas.


Siempre he tenido una relación de admiración–amor–desconfianza con Estados Unidos. Soy consciente de su lado bueno y malo como “Imperio” global, pero definitivamente de lo bueno es mucho de lo artístico, como este filme antiguo de Hollywood. It’s a Wonderful Life / ¡Qué bello es vivir!, dirigido por Frank Capra, es una obra de arte que, con obvia influencia de A Christmas Carol / Un cuento de Navidad de Charles Dickens, transita de un drama psicológico oscuro y triste con trasfondo navideño a una historia de optimismo y amor propio, inmersa en la Navidad y hasta con un ángel directo del cielo incluido.


La sinopsis es sencilla pero poderosa: George Bailey (James Stewart), un hombre que ha sacrificado sus sueños personales por el bienestar de su comunidad en Bedford Falls, se encuentra al borde del suicidio en la víspera de Navidad tras una crisis financiera. Es entonces cuando aparece Clarence Odbody (Henry Travers), un ángel de segunda clase que busca ganarse sus alas, y le muestra cómo habría sido la vida de los demás si él nunca hubiera existido. George descubre que su existencia ha marcado profundamente a su familia, amigos y vecinos, y que su vida, aunque llena de sacrificios, ha sido valiosa. El final, con la comunidad reuniéndose para salvarlo y la famosa frase de su hija Zuzu —“Every time a bell rings, an angel gets his wings”— es uno de los momentos más icónicos del cine navideño.


La producción, realizada por Liberty Films, tuvo un presupuesto de alrededor de 3.18 millones de dólares. En su estreno, la película no fue un éxito de taquilla: recaudó apenas unos 3.3 millones, lo que se consideró decepcionante en su momento. Sin embargo, con el paso de las décadas y gracias a su retransmisión constante en televisión desde los años 1970, se convirtió en un filme de culto navideño, símbolo de esperanza y resiliencia. Hoy es considerado uno de los mejores filmes estadounidenses de todos los tiempos, incluido en el registro del National Film Registry de la Biblioteca del Congreso Estadounidense.


El reparto es fundamental para su impacto: James Stewart aporta humanidad y vulnerabilidad a George Bailey, convirtiéndolo en un héroe cotidiano. Donna Reed, como Mary Hatch, es el corazón emocional de la historia, mostrando fuerza y ternura. Lionel Barrymore, en el papel del despiadado Mr. Potter, encarna el capitalismo salvaje y la corrupción moral, mientras que Henry Travers como Clarence aporta la inocencia y la esperanza celestial. La dirección de Capra, con fotografía de Joseph Walker, logra un equilibrio entre el realismo sombrío y la fantasía luminosa.


Fue uno de los primeros filmes navideños que vi en mi infancia en la televisión, junto con White Christmas y Miracle on 34th Street. Con los años lo volví a ver varias veces, y siempre es una experiencia conmovedora, esperanzadora y optimista. Qué bello este pedacito de Estados Unidos que muestra este filme: un país capaz de producir un relato que, más allá de su propaganda o su moral, nos recuerda que la vida de cada persona tiene un valor incalculable.


It’s a Wonderful Life / ¡Qué bello es vivir! es más que un clásico navideño: es una parábola sobre el sentido de la vida, el sacrificio y la solidaridad. Una obra maestra que transforma la tristeza en optimismo eterno. Su mezcla de drama psicológico y fantasía navideña lo convierte en un espejo de nuestras dudas más oscuras y, al mismo tiempo, en una fuente de esperanza luminosa.




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