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martes, 3 de febrero de 2026

The Fanelli Boys / Los hermanos Fanelli (serie de TV sitcom de USA. Años 1990 – 1991; 1 temporada).


The Fanelli Boys / Los hermanos Fanelli - Relleno nocturno, músculos al aire y absurdo sexy sin culpa.


Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico): 

☆☆☆ — Buena — 8/10 — Digna de ver.


The Fanelli Boys / Los hermanos Fanelli es una de esas series que solo podían encontrarse a altas horas de la noche en mi adolescencia en los 90s, cuando la televisión parecía bajar la guardia y experimentar con productos que no aspiraban a la grandeza. La recuerdo perfectamente en esa misma época en la que veía Dream On y Baby Boom, pero con una diferencia clara: esta sí se sentía relleno en serio, del tipo que uno ve medio sorprendido, medio divertido, preguntándose cómo exactamente llegó eso a la parrilla televisiva.


La daban los sábados, casi a la medianoche, y desde el primer episodio dejaba claro su juego: una sitcom ligera, algo burda, con situaciones absurdas y una clara inclinación al exhibicionismo masculino, algo poco común para la época… y probablemente una de las razones por las que se me quedó grabada.


Emitida en 1990 y 1991, The Fanelli Boys fue una comedia de situación de una sola temporada, producida por NBC, que giraba en torno a un grupo de hermanos italoamericanos que convivían entre trabajo, conflictos personales y mucha testosterona desbordada. La serie nunca pretendió ser profunda ni particularmente inteligente, y se notaba. Su humor era amplio, estereotipado por momentos y más interesado en provocar risas rápidas (y miradas cómplices) que en desarrollar personajes complejos.


El elemento más inolvidable —y seamos honestos— era Christopher Meloni, quien interpretaba a uno de los hermanos con una actitud descaradamente exhibicionista, una musculatura curvilínea casi caricaturesca y una presencia física que por momentos hacía que la serie pareciera un show de strippers disfrazado de sitcom. En aquel entonces, Meloni era básicamente “el tipo buenísimo que se quitaba la camisa”, y nadie imaginaba que años después haría gala no solo de músculos y su gran y redondeado trasero, sino de un talento actoral brutal en series como Oz y Law & Order: SVU.


El resto del elenco de esta sitcom cumplía su función dentro del caos: personajes simpáticos, exagerados, funcionales al gag del momento. No había grandes arcos narrativos ni ambiciones artísticas más que la dinámica familiar de la matriarca y sus 4 hijos adultos. Y justamente por eso, cuando se la veía en ese horario marginal, funcionaba como una diversión casi culpable (en mi caso, porque para que yo me sienta culpable por ver algo así, esta biiiieeen difícil), ademas de diversión ligera y desvergonzada.


La serie tuvo un rating discreto y una recepción muy tibia en Estados Unidos, lo que explica su rápida cancelación. No fue cancelada por ser demasiado provocadora ni demasiado inteligente, sino más bien por todo lo contrario: era superficial, algo repetitiva y fácilmente reemplazable. Aun así, tenía un encanto extraño, casi accidental.


Lo curioso es que, pese a todas sus limitaciones, The Fanelli Boys me gustó bastante, no demaiado pero sí lo justo para verla completa, y solo fueron 19 capitulos. Tal vez porque no prometía nada que no pudiera cumplir. Era una de las sitcoms más sexys en lo absurdo que vi en aquellos años, aunque claramente no jugaba en la misma liga que Dream On, que sí sabía mezclar erotismo con introspección y sofisticación.


Vista hoy, The Fanelli Boys es una cápsula del tiempo: una serie menor, olvidada, pero representativa de una televisión noventera que todavía se atrevía a experimentar en los márgenes. No fue una joya escondida ni un clásico incomprendido, pero sí una rareza divertida y con pretensiones comerciales, una de esas series que solo se recuerdan porque las viste en el momento justo, a la hora exacta, cuando no había nada más… y eso, curiosamente, la hace especial... A veces, incluso el relleno en TV deja huella.





viernes, 30 de enero de 2026

Step By Step / Paso a Paso (serie de TV sitcom de USA. Años 1991 – 1998; 7 temporadas).


Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico): 
☆☆☆1/2 — Muy buena — 9/10 — Definitivamente digna de ver.


Step by Step / Paso a Paso es una de esas series que no se descubren de madrugada ni se sienten como un secreto compartido, sino que llegan con la luz del día, acompañadas de desayunos tardíos y mañanas de sábado. Así la recuerdo yo: transmitida en las mañanas de los sábados, en plena explosión de sitcoms familiares a mediados de los 90s, una época en la que la televisión parecía inagotable en comedias de situación.


Dentro de ese mar de series, Step by Step / Paso a Paso me gustó mucho, aunque nunca la sentí excelente ni revolucionaria. Y no tenía por qué serlo. Funcionaba —y muy bien— dentro de la fórmula clásica de la familia simpática, disfuncional a su manera, pero decidida a seguir adelante con amor, humor y una buena dosis de caos cotidiano. Era una sitcom consciente de su estructura, cómoda en ella, y lo suficientemente hábil como para sacarle provecho sin caer en la parodia.


La serie se emitió originalmente entre 1991 y 1998, con 7 temporadas y 160 episodios, primero en ABC como parte del famoso bloque TGIF, ese laboratorio de comedias familiares que definió a toda una generación y despues en su ultima temporada en CBS. Fue creada por William Bickley y Michael Warren, productores especializados en sitcoms de corte familiar, y producida por Lorimar Television y más tarde Warner Bros. Television.

La premisa era sencilla pero eficaz: dos adultos divorciados, Frank Lambert (Patrick Duffy) y Carol Foster (Suzanne Somers), se enamoran, se casan impulsivamente durante unas vacaciones y unen a sus respectivas familias, dando origen a un hogar ensamblado lleno de choques de personalidad, rivalidades fraternales, alianzas inesperadas y mucho humor. El elenco juvenil —con nombres como Staci Keanan, Brandon Call, Christine Lakin y Angela Watson— terminó siendo parte fundamental del encanto de la serie, creciendo frente a cámara junto al público.


A diferencia de joyas más inusuales como Dream On o Baby Boom, Step by Step era más típica en su planteamiento, más predecible incluso, pero no por eso menos efectiva. Apostaba por un humor un poco más absurdo, exagerando situaciones y reacciones, aunque siempre sin cruzar la línea hacia la caricatura total. Había un equilibrio interesante: situaciones disparatadas, sí, pero con personajes que seguían sintiéndose humanos y reconocibles.


No era una serie intensa ni profunda, ni lo pretendía. Sin embargo, dentro de lo ligero resultaba refrescante, ágil, bien escrita y sorprendentemente inteligente en ciertos momentos. Tocaba temas sociales —familias ensambladas, roles parentales, choques generacionales, estereotipos de género— sin buscar la controversia ni el sermón, pero lo suficiente como para invitar a pensar mientras uno se reía de la misma cuestión social que estaba siendo suavemente criticada.


Ese era su verdadero mérito: hacerte reír y reflexionar sin que te dieras cuenta. Nada de discursos grandilocuentes, nada de golpes de efecto. Solo situaciones cotidianas llevadas al extremo justo para que el absurdo revelara lo que normalmente se acepta sin cuestionar.


Hoy, vista con distancia, Step by Step se siente como una sitcom cómoda, cálida y honesta con lo que es. No intenta ser una obra maestra ni redefinir el género, pero cumple su función con oficio y carisma. Fue parte del ecosistema televisivo que hizo de los 90s una época tan rica en comedias, y merece ser recordada no como “una más”, sino como una buena sitcom familiar que supo hacerlo bien sin pretender hacerlo todo.


Tal vez no fue una serie que me cambiara la vida, pero sí una que me acompañó. Y varias veces, hacerme reír a carcajadas.






jueves, 29 de enero de 2026

Friends /Amigos (serie de TV sitcom de USA. Años 1994 – 2004; 10 temporadas).


Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico): 
☆☆☆1/2 — Muy buena — 9/10 — Definitivamente digna de ver.


Friends /Amigos fue, sin exagerar, la sitcom de prime time por excelencia de los 90s. En mi adolescencia, allá en Panamá, era la serie de moda: la que todos veían, la que se comentaba, la que definía conversaciones y referencias culturales. A diferencia de Dream On o Baby Boom, que descubrí casi como joyas nocturnas, Friends era un evento televisivo a plena luz, con promoción, horarios estelares y una popularidad arrolladora. Y sí, la vi completa en televisión local, capítulo tras capítulo, en el momento justo en que el mundo parecía girar alrededor de seis amigos en Nueva York.


Creada por Marta Kauffman y David Crane, Friends se emitió en Estados Unidos por NBC entre 1994 y 2004, con 10 temporadas y 236 episodios, convirtiéndose en una de las sitcoms más exitosas de la historia de la televisión. Antes de Friends, este dúo creativo ya había dejado huella con una de mis súper favoritas: Dream On (HBO, 1990–1996), una comedia, de la cual ya comenté aca hace unos dias, mucho más adulta, arriesgada y experimental, lo que resulta curioso si se piensa en lo convencional que Friends / Amigos puede parecer en comparación. Ambas series comparten una mirada sobre la vida emocional adulta, pero desde registros completamente distintos, como si fueran dos caras del mismo universo creativo.


Y hablando de universos compartidos, Friends pertenece a ese pequeño pero delicioso cruce televisivo noventero que algunas series hacian entre sí, en este caso fue con Mad About You (1992–1999). El vínculo más recordado es Ursula Buffay, la hermana gemela de Phoebe, interpretada también por Lisa Kudrow, quien apareció primero en Mad About You como una camarera excéntrica antes de ser incorporada al mundo de Friends, creando una conexión directa entre ambas series. Ese detalle, tan propio de los 90s, reforzaba la sensación de que estas sitcoms coexistían en una misma Nueva York televisiva.


El elenco principal —Jennifer Aniston, Courteney Cox, Lisa Kudrow, Matt LeBlanc, Matthew Perry y David Schwimmer— se convirtió rápidamente en un fenómeno cultural y en uno de los repartos más reconocibles del planeta. La química entre ellos fue clave para el éxito, así como una escritura ágil, chistes efectivos y una producción pulida, pensada para agradar a públicos amplios sin perder del todo la personalidad.


Años después, ya entrados los 2000s, poco tiempo después de que la serie terminara, la volví a ver en repeticiones en El Salvador, esta vez como adulto hecho y derecho. Y la experiencia fue distinta, pero igual de disfrutable. Nunca me pareció una serie excelente ni profundamente innovadora, pero sí muy graciosa, altamente entretenida y tremendamente eficiente en lo que se proponía hacer.


Mi personaje favorito siempre fue Phoebe, sin discusión: ese toque excéntrico, medio hippie, aparentemente ingenua, a veces casi psicópata aunque de una forma benigna y encantadora, la hacía única. Lisa Kudrow le dio una energía impredecible que rompía constantemente la armonía “bonita” del grupo, y eso la volvía indispensable. En el extremo opuesto estaba Ross, el personaje que menos soportaba: nunca entendí qué le veía Monica, y honestamente hasta Janice, con su risa estridente y exagerada, me resultaba muchísimo más encantadora a su lado. Y eso dice mucho.


Uno de los grandes placeres de Friends eran también sus cameos: actores y actrices famosos de Hollywood apareciendo cuando la serie ya era un éxito masivo tanto en Estados Unidos como en Centroamérica —y, muy probablemente, en buena parte de Latinoamérica—. Cada aparición especial reforzaba la sensación de estar viendo un fenómeno cultural en tiempo real.


Vista hoy, Friends es claramente hija de su época: tiene limitaciones, repite fórmulas y evita profundizar demasiado en conflictos incómodos. Pero también tiene algo innegable: sabe entretener, sabe hacer reír y sabe acompañar. No fue una serie que me definiera ni me transformara, pero sí una que disfruté intensamente en dos momentos muy distintos de mi vida.


Tal vez Friends no fue perfecta, pero logró algo que pocas series consiguen: convertirse en parte del paisaje emocional de toda una generación. Y eso, guste o no, es una forma muy poderosa de trascendencia.





miércoles, 28 de enero de 2026

That Girl / Esa Chica (serie de TV sitcom de USA. Años 1966 – 1971; 5 temporadas).

 Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico): 

☆☆☆1/2 — Muy buena — 9/10 — Definitivamente digna de ver.


En mi adolescencia en los 90s, también descubrí That Girl / Esa Chica en televisión abierta allá en Panamá y fue como encontrar un tesoro escondido. No era de mi época, pero la transmitían los sábados por la tarde en un canal local, así que logre verla toda, y desde el primer segundo de la presentación era evidente que pertenecía a los años 60s. La textura granulada de la imagen, los colores saturados y la estética de vestuario y escenarios la hacían sensacionalmente retro ya en los 90s… y aún más ahora, vista desde la distancia.


La serie seguía las aventuras de Ann Marie, interpretada por Marlo Thomas, una joven aspirante a actriz que se muda a Nueva York para perseguir sus sueños. Su vida se entrelazaba con la de su novio Donald Hollinger (Ted Bessell), su padre Lew Marie (Lew Parker) y otros personajes recurrentes. Lo innovador era que Ann Marie representaba a una mujer independiente en una época donde la televisión aún mostraba roles femeninos muy tradicionales. En ese sentido, That Girl fue pionera en retratar a una protagonista que buscaba su propio camino profesional y personal.


That Girl (1966–1971), protagonizada por Marlo Thomas, fue una sitcom emitida por ABC durante cinco temporadas y 136 episodios. Creada por Bill Persky y Sam Denoff y producida por Daisy Productions, la dirección estuvo a cargo de Hal Cooper, John Rich y Richard Kinon, mientras que la música del tema principal fue compuesta por Earle Hagen. Con su formato de cámara única y episodios de poco más de 20 minutos, la serie se distinguía por colores vivos, decorados teatrales y un ritmo narrativo ligero, muy característico de la televisión estadounidense de los 60s.


Verla en reposiciones en los 90s, como me sucedió a mí, era como encontrarse con una cápsula del tiempo: la textura granulada de la imagen y la estética retro la hacían aún más encantadora. Y es que That Girl es un ejemplo claro de cómo las sitcoms desde los 50s y 60s lograron gran audiencia y desplegaron creatividad en Estados Unidos, convirtiéndose en parte del imaginario cultural de generaciones enteras. Aunque no alcanzó la fama de por ejemplo I Love Lucy, su propuesta fue pionera y dejó huella, tanto por la interpretación carismática de Marlo Thomas como por el retrato de una mujer que buscaba su propio camino en la gran ciudad.


En su momento, That Girl fue un éxito moderado, con buena acogida crítica por su frescura y por la interpretación de Marlo Thomas, quien se convirtió en ícono televisivo. La serie fue nominada a varios premios Emmy y Globos de Oro, y consolidó la imagen de Thomas como referente de la comedia romántica televisiva.


Con el tiempo, su mayor valor ha sido cultural: se la reconoce como una de las primeras sitcoms en mostrar a una mujer soltera e independiente en la gran ciudad, anticipando el camino para personajes posteriores como Mary Richards en The Mary Tyler Moore Show.


That Girl es una joya escondida que no trascendió en fama decadas posteriores pero que, ya vista en repeticiones en los 90s, se sentía como un viaje al pasado. Para mí, fue sensacionalmente vintage, un contraste delicioso frente a otras comedias más famosas como I Love Lucy (que pronto reseñare). Asi que la estética lógicamente vintage o retro de That Girl / Esa Chica, su protagonista carismática y su aire pionero la convierten en un clásico que merece ser recordado. Para mí es definitivamente una sitcom pionera, entrañable y vintage/retro, que aún inspira con su encanto sesentero.








domingo, 25 de enero de 2026

Baby Boom (serie de TV sitcom de USA. Años 1988 – 1989; 1 temporada).


Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico): 

☆☆☆ — Perfecta — 10/10 — No te la pierdas.


Hay series que llegan a tu vida casi por accidente, en horarios improbables, sin campañas de marketing ni estatus de “evento cultural”, y aun así te marcan para siempre. Baby Boom fue exactamente eso para mí: una pequeña revelación televisiva que me dejó con la boca abierta, me enterneció profundamente y me hizo reír en cantidades industriales.


Baby Boom es una joya feminista un tanto discreta en produccion de fines de los 80s que mereció más amor. Una joya olvidada que vale la pena redescubrir. La vi en plena adolescencia, a mediados y finales de los 90, en Panamá, en esos horarios nocturnos que parecían reservados para “relleno” de programación. Baby Boom se emitía cerca de la medianoche, dos veces por semana, muy al estilo de Dream On: lunes a sábado, pero especialmente viernes y sábados, cuando uno podía permitirse desvelarse sin culpa. Ese contexto la convirtió, sin proponérselo, en una serie íntima, casi secreta, descubierta solo por quienes estaban despiertos cuando el resto del mundo dormía.


Y qué descubrimiento fue.


Emitida por ABC entre 1988 y 1989, basada en la exitosa película de 1987 del mismo nombre. La serie sigue a J.C. Wiatt, una ejecutiva publicitaria brillante, perfeccionista y acostumbrada a dominar el mundo corporativo, cuya vida da un giro radical cuando hereda inesperadamente a una bebé, obligándola a replantearse prioridades, ambiciones y su lugar en una sociedad diseñada para que las mujeres no “puedan tenerlo todo”. Protagonizada por Kate Jackson, la serie contó también con un sólido elenco secundario y fue desarrollada por Steven Cragg y Brian Bradley, con producción de United Artists Television, manteniendo el equilibrio entre comedia, ternura y comentario social. Aunque solo tuvo una temporadaBaby Boom destacó por su mirada inteligente sobre la maternidad, el trabajo y el sexismo cotidiano, apostando por personajes femeninos complejos en una época en la que la televisión aún dudaba en darles ese espacio.


Protagonizada por Kate Jackson, ya una figura icónica gracias a Charlie’s Angels, Baby Boom tomaba como punto de partida la película homónima de 1987, pero lograba algo aún más interesante en formato televisivo: desarrollar con calma, humor y mucha humanidad el conflicto entre maternidad, carrera profesional y un mundo corporativo profundamente sexista.


Pero lo que realmente me impactó —y lo entendí incluso siendo adolescente— fue que Baby Boom era feminista sin pancarta, sin discursos forzados ni consignas vacías. Era un feminismo orgánico, cotidiano, contundente, que se expresaba en gestos, diálogos y decisiones, no en sermones. Un feminismo que no necesitaba gritar para hacerse sentir.


Recuerdo con absoluta nitidez una escena que se me quedó grabada para siempre. Kate Jackson, su personaje, interactúa con una mujer de clase alta en un club. La otra mujer, condescendiente, le dice algo como:
—“Es que hombres y mujeres no somos iguales.”


Kate se levanta, la mira con frialdad, con una firmeza tan precisa, y responde:
“No. Usted y yo no somos iguales.”


Y se va. La deja con la palabra en la boca.


Ese momento fue una epifanía. No solo por la escena en sí, sino por lo que representaba. Yo, un adolescente en los 90, en un mundo todavía brutalmente más machista que el actual, entendí ahí que no estaba solo, que no era una rareza pensar que la igualdad no pasa por negar diferencias, sino por rechazar jerarquías injustas. Baby Boom fue, sin proponérselo, una aliada silenciosa.


La serie se emitió entre 1988 y 1989, tuvo solo dos temporadas, y nunca alcanzó gran fama en la cultura pop. Quizás llegó demasiado temprano. Quizás era demasiado inteligente, demasiado honesta, demasiado poco cínica. Pero hoy, vista con distancia, resulta sorprendentemente vigente. Sus temas —la presión sobre las mujeres, el juicio social, la falsa idea de “tenerlo todo”— siguen resonando con fuerza.


Kate Jackson estaba magnífica: carismática, firme, vulnerable cuando hacía falta, sin convertir a su personaje en una caricatura ni en una heroína idealizada. Era una mujer real, navegando un sistema injusto, sin perder dignidad ni humor. Y eso, en televisión, es oro puro.


Baby Boom fue una joya que pasó desapercibida, una serie pequeña pero valiente, que no buscó ser tendencia ni escándalo, pero que dejó huella en quienes la vimos. Para mí, fue una confirmación temprana de algo que aún defiendo: el feminismo no es misándrico, no es una guerra de sexos, sino una búsqueda de justicia y equidad. Y esta serie lo entendía perfectamente.


Si con Dream On me sentí identificado al punto de pensar “ese seré yo a los 30 años”, con Baby Boom me ocurrió algo complementario y revelador: me dije a mí mismo “ese es el tipo de mujer con la que me gustaría tener una relación amorosa a los 30”. Y, curiosamente, el tiempo hizo su parte: en muchos sentidos terminé convirtiéndome en ese hombre introspectivo, un tanto hipersexual y soñador de Dream On, mientras que la mujer de Baby Boom nunca llegó a cruzarse en mi camino. Aun así, lejos de sentirlo como una ausencia, me reconforta profundamente saber que ambos tipos de seres humanos existen, que se reconocen, que se buscan y que, cuando el mundo no se empeña en invisibilizarlos, se encuentran y se hacen visibles. Esa coexistencia —tan rara como necesaria— es quizá una de las herencias más hermosas que estas series dejaron en mí.


Hoy recuerdo a la serie Baby Boom con enorme cariño, como parte de esas noches adolescentes frente al televisor, descubriendo que la televisión también podía ser inteligente, tierna y profundamente humana. 


Baby Boom no fue solo una sitcom: fue una compañera silenciosa que, sin saberlo, me ayudó a formar una mirada más justa sobre el mundo. Es una joya olvidada por la mayoría. Una serie necesaria. Y absolutamente inolvidable.













martes, 20 de enero de 2026

Dream On / Sigue soñando (serie de TV sitcom de USA. Años 1990 – 1996; 6 temporadas).


Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico): 

☆☆☆ — Perfecta — 10/10 — No te la pierdas.


Dream On (1990–1996), conocida en español como Sigue soñando, fue una sitcom de HBO creada por Marta Kauffman y David Crane (los mismos detrás de Friends), protagonizada por Brian Benben como Martin Tupper, un editor divorciado cuya vida se entrelazaba con recuerdos televisivos de su infancia. En Centroamérica, se transmitió en horarios nocturnos como relleno de programación, convirtiéndose en una joya escondida para quienes la descubrieron en los 90s.  


Y en mi adolescencia exactamente a mediados de los 90s en Panamá, Sigue soñando fue como encontrar un tesoro inesperado en la parrilla televisiva. La daban dos veces por semana, cerca de las 11 de la noche, y yo solo podía verla los viernes, cuando al día siguiente no había clases y podía desvelarme. Esa rutina nocturna se convirtió en un ritual: encender la tele, escuchar la música de apertura y sumergirme en las desventuras de Martin Tupper, un hombre marcado por la televisión desde niño.  


Lo curioso es que nunca me fijé en el nombre del actor, pero me sentía 100% identificado con su personaje. “Dios mío, ese soy yo, así seré a los 30 años”, pensaba. No me refería a lo externo, sino a su interior: un tipo soñador, medio nerd pero atractivo, medio introvertido, nada problemático, cuya forma de relacionarse con amigos y posibles parejas estaba atravesada por las imágenes televisivas que lo habían inspirado. Y tenía situaciones y escenas bastante sexys además. Era como ver mi propio reflejo en pantalla, y eso lo hacía absolutamente inspirador.


La serie fue creada por Marta Kauffman y David Crane, quienes más tarde darían vida a Friends. Se emitió en HBO entre 1990 y 1996, con 6 temporadas y 120 episodios*. Su protagonista, Brian Benben, interpretaba a Martin Tupper, un editor de libros divorciado que intentaba rehacer su vida en Nueva York mientras criaba a su hijo adolescente (Chris Demetral).  


Lo innovador de Dream On era su recurso narrativo: los pensamientos y emociones de Martin se ilustraban con clips de viejas películas y programas de televisión reales en blanco y negro, o a colores, reflejando cómo la cultura televisiva había moldeado su visión del mundo. Esa mezcla de sitcom y collage audiovisual le daba un tono único, entre nostálgico y satírico.  


La dirección estuvo a cargo de nombres como John Landis, Betty Thomas y Arlene Sanford, y la música fue compuesta por Michael Skloff. Con formato de 30 minutos y cámara única, la serie se distinguía por su estilo adulto, con diálogos más atrevidos y situaciones que HBO podía mostrar sin censura, aunque en retransmisiones por cadenas abiertas se editaban escenas para suavizar el contenido.


Y aunque nunca alcanzó la fama masiva de otras sitcoms, Dream On fue muy influyente. Ganó un Premio CableACE y fue nominada a varios Emmy, destacando por su originalidad y por ser una de las primeras comedias de HBO en marcar el camino hacia producciones más arriesgadas. Su rating se mantuvo sólido en cable y, en mercados internacionales como Centroamérica, se convirtió en “relleno nocturno” que sorprendía por su calidad.  


Hoy se recuerda como una joya escondida, un experimento televisivo que mezclaba humor, introspección y cultura pop. Para quienes la vimos en reposiciones, fue más que entretenimiento: fue un espejo de nuestras propias vidas marcadas por la televisión.


Sigue soñando fue para mí absolutamente inspiradora. Sin duda una joya escondida, entrañable y profundamente identificable.  No era solo una sitcom: era un recordatorio de cómo la televisión y el cine pueden moldear identidades, sueños y relaciones. Para mí, verla en esas noches adolescentes fue como encontrar un aliado en pantalla, alguien que me decía que ser soñador, introvertido, con una fuerte vena erótica y marcado por la cultura televisiva no era un defecto, sino una forma de vida.  






miércoles, 7 de enero de 2026

Two Guys, a Girl and a Pizza Place / Tres para todo (serie de TV sitcom de USA. Años 1998 – 2001; 4 temporadas).

Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico): 

☆☆☆1/2 — Muy buena — 9/10 — Definitivamente digna de ver.


Siempre he tenido alguna serie de comedia de situaciones o sitcom acompañándome en distintas etapas de la vida, más constante incluso que las de drama o las thrillers. En mi caso, Tres para todo apareció en la televisión local aca en El Salvador a mediados y finales de los 2000s, cuando ya llevaba años de haber terminado en Estados Unidos. Acá la transmitían en horarios nocturnos de lunes a viernes, alrededor de las 10 o 10:30 p.m. , ese espacio donde los canales rellenaban con series adquiridas en paquete. No era un título de gran fama, pero tenía ese encanto de sitcom de media hora que se dejaba ver con gusto.  


Lo curioso es que yo pensaba que era relativamente nueva, y en realidad había concluido en 2001 tras cuatro temporadas. Esa distancia temporal me sorprendió después, pero no le restó valor a la experiencia: me acompañaba antes de dormir, con humor sencillo y personajes que se volvían familiares. Recuerdo una noche en particular: tras salir tarde de la oficina y llegar a casa, encendí la tele mientras cenaba y ahí estaba Ryan Reynolds soltando una broma a la rubia coprotagonista y al otro compañero. Años después olvidé sus nombres, pero Reynolds quedó grabado en mi memoria, sobre todo cuando empezó a hacerse notar en Hollywood hacia finales de los 2000s.


La serie fue emitida originalmente  en Estados por ABC entre marzo de 1998 y mayo de 2001. En sus dos primeras temporadas se tituló Two Guys, a Girl and a Pizza Place, porque gran parte de la acción ocurría en esa pizzería de Boston; luego simplificaron el nombre a Two Guys and a Girl.  


Ryan Reynolds interpretaba a Berg, un estudiante de medicina sarcástico y encantador, papel que le dio visibilidad antes de convertirse en estrella de cine.  Taylor Howard era Sharon, la amiga rubia que aportaba equilibrio y frescura.  Richard Ruccolo encarnaba a Pete, el más serio del trío.  En temporadas posteriores se sumaron Nathan Fillion y Suzanne Cryer, ampliando el círculo de enredos.  


La serie fue creada por Danny Jacobson, Kenny Schwartz y Rick Wiener, con dirección de episodios a cargo de nombres como Michael Lembeck, Gail Mancuso y Leonard R. Garner Jr. La producción estuvo en manos de 20th Century Fox Television, con un formato multicámara clásico y duración de 22 minutos por episodio.  


Aunque nunca fue un fenómeno de audiencia, alcanzó un rating promedio y se mantuvo cuatro temporadas gracias a su humor juvenil y dinámicas de amistad. Su final fue peculiar: un episodio interactivo titulado The Internet Show, donde los fans votaban en línea el desenlace de las parejas.  


Hoy se recuerda sobre todo como el trampolín de Ryan Reynolds, que pasó de ser “el chico gracioso de la pizzería” a protagonista de grandes producciones de Hollywood. Para quienes la vimos en repeticiones, Tres para todo quedó como esa sitcom entrañable que llenaba las noches con risas ligeras y personajes cercanos.  


Tres para todo no fue revolucionaria, pero sí cumplió con lo esencial: acompañar, divertir y dejar huella. Para mí, fue parte de esas rutinas nocturnas que se convierten en recuerdos afectivos. Y ver a Reynolds en sus primeros pasos, con ese carisma que luego lo llevaría a ser estrella, es un lujo retrospectivo.  


En fin... para mí Two Guys, a Girl and a Pizza Place / Two Guys and A Girl es una sitcom modesta pero entrañable, que se convirtió en compañía fiel para relajarme despues de la oficina y en un semillero de talento para Hollywood.