Married… with Children / Matrimonio... con hijos – El circo cínico de la clase media
Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico):
☆☆☆☆ — Excelente — 10/10 — No te la pierdas.
Ok, ok… esta sí que me encantó de forma muy única. Era ácida hasta la médula, con bastante humor negro, una sátira feroz y a la vez icónica de la clase media estadounidense: personajes resignados a su propia mediocridad, cómodos en su cinismo, pero aun así encontrando lo absurdo y gracioso de la vida cotidiana. ¡Dios mío cómo me reí con esta serie tan irreverente, sexy en su desfachatez y deliciosamente morbosa en su forma de burlarse de todo! Y lo confieso: ahora que soy cuarentón, entiendo perfectamente por qué ese gesto tan simple —mano dentro del pantalón mientras uno está tirado en el sofá— era casi un símbolo de relajación existencial para Al Bundy. A mis 40 lo probé, solo por curiosidad sociológica, claro… y tuve que admitir que el hombre no estaba equivocado. ¡Qué relax se siente! Aunque cuando la veía en su momento, yo me sentía más como Bud: su joven hijo, algo frustrado, soñador… solo que bastante más optimista. Y quizá por eso la disfrutaba tanto: porque era el espejo deformado de lo que uno temía ser… y al mismo tiempo una carcajada liberadora frente a ello.
Y es que seamos honestos: si haz visto Married… with Children sabrás que no fue simplemente otra sitcom familiar. Fue dinamita en horario estelar. Fue la bofetada sarcástica que necesitaba la televisión estadounidense de finales de los 80 y casi todos los 90s, saturada de comedias familiares “limpias”, moralizantes y reconfortantes. Donde otras celebraban valores, esta los ridiculizaba. Donde otras abrazaban la corrección política, esta se revolcaba feliz en lo incorrecto. Ácida, sexy, vulgar y absolutamente consciente de su incorrección, convirtió la mediocridad suburbana en oro cómico.
Creada por Michael G. Moye y Ron Leavitt, la serie se emitió por la entonces joven cadena Fox Broadcasting Company entre 1987 y 1997, acumulando 11 temporadas y 259 episodios. Y no es menor el dato: fue la primera gran sitcom que definió la identidad irreverente de FOX frente a las cadenas tradicionales. Sin los Bundy, probablemente no existiría el mismo tono que después consolidarían otras comedias más atrevidas.
En el centro del caos estaba Al Bundy, interpretado magistralmente por Ed O'Neill. Vendedor de zapatos frustrado, ex estrella de fútbol americano de secundaria cuyo mayor logro fue anotar cuatro touchdowns en un solo partido —hazaña que repite como mantra existencial—, Al es la encarnación del desencanto masculino de clase media. Su gesto eterno: tirado en el sofá, mano dentro del pantalón, mirando televisión con resignación cósmica. Un símbolo cultural del hastío… que, admitámoslo, uno entiende mejor cuando pasa de los cuarenta.
Frente a él, la maravillosa y afilada Peggy Bundy, encarnada por Katey Sagal: fumadora compulsiva, adicta a las compras, enemiga declarada de las tareas domésticas y reina absoluta del sarcasmo pasivo-agresivo. Peggy no era la esposa sumisa de las sitcoms clásicas; era una anti-ama de casa glam rock, exagerada y deliciosamente egoísta. Sus hijos completaban el cuadro caricaturesco: Kelly (Christina Applegate), la rubia aparentemente superficial pero con destellos inesperados de astucia, y Bud (David Faustino), el adolescente libidinoso eternamente derrotado.
El humor era oscuro, punzante y muchas veces deliberadamente ofensivo. La serie se burlaba del consumismo, del matrimonio, del sueño americano, del fracaso económico, del machismo, del feminismo, de la televisión misma. No había zona segura. Y eso, en plena era Reagan-Bush, era casi revolucionario en televisión abierta.
En términos de recepción, la serie fue un éxito sólido para FOX, ayudando a consolidar la cadena como competidora real frente a gigantes como NBC y CBS. Aunque nunca fue la número uno absoluta en ratings generales, sí fue un fenómeno cultural, especialmente entre audiencias jóvenes y adultos desencantados con la comedia familiar tradicional. En plataformas como IMDb mantiene una valoración cercana al 8/10 con decenas de miles de usuarios, prueba de su vigencia generacional.
Recibió múltiples nominaciones, incluyendo reconocimientos importantes para O’Neill y Sagal, aunque —curiosamente— la crítica institucional tardó en aceptar su valor satírico. Durante años fue vista como vulgaridad pura; con el tiempo se entendió mejor su dimensión de sátira social.
Y aquí está la paradoja más interesante: debajo del cinismo extremo había algo casi tierno. Los Bundy se insultaban, se humillaban y se saboteaban constantemente… pero nunca se abandonaban. Había una lealtad subterránea, una complicidad silenciosa. La familia no era idealizada, pero tampoco era desechable. Era disfuncional, sí, pero resistente.
Si en mis reseñas anteriores hablaba de las sitcoms clásicas como refugio emocional elegante (Bewitched, I Dream of Jeannie y I Love Lucy, esta última proxima a reseñar), Married… with Children representó el otro extremo: el refugio del sarcasmo. La catarsis de reírse del fracaso, del cansancio laboral, del matrimonio imperfecto, del sueño americano agrietado.
Fue la anti-sitcom familiar… y por eso mismo se convirtió en una de las más honestas.
Así que si quieres una comedia que no maquille la mediocridad de la vida sino que la célebre con carcajadas crueles y liberadoras, los Bundy siguen siendo los reyes del cinismo televisivo.