Bewitched / Hechizada (1964–1972) – La bruja que sonreía mientras desarmaba el sexismo
Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico):
☆☆☆☆ — Excelente — 10/10 — No te la pierdas.
Después de vivir mis primeras sitcoms en la niñez con I Dream of Jeannie y I Love Lucy (que reseñaré después de esta), en mi adolescencia en los 90s —gracias a la sindicación en la TV abierta en Panamá y sus eternas repeticiones— descubrí otra joya de los 60s: Bewitched / Hechizada. Y si bien I Dream of Jeannie fue su competencia directa en su momento, para mí Hechizada siempre ha sido un escalón más arriba.
Creada por Sol Saks, la serie se emitió por ABC entre 1964 y 1972, alcanzando 8 temporadas y 254 episodios, una cifra considerable que habla de su éxito sostenido. Durante varios años se mantuvo dentro del Top 10 de ratings en Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los pilares de la comedia televisiva de la década. Fue producida por Screen Gems, estudio que dominó buena parte del entretenimiento televisivo sesentero.
La premisa es simple y brillante: Samantha Stephens (interpretada magistralmente por Elizabeth Montgomery) es una bruja que se casa con un hombre mortal, Darrin Stephens (Dick York en las primeras temporadas y luego Dick Sargent), y decide llevar una vida “normal” como ama de casa suburbana. El problema es que su mundo mágico, encabezado por su inolvidable madre Endora (Agnes Moorehead), nunca deja de interferir.
En apariencia, es una comedia ligera sobre magia doméstica (literalmente). En el fondo, es mucho más.
Bewitched me parece más profunda e ingeniosa que I Dream of Jeannie. Su comedia tiene una estructura más elaborada y, sobre todo, sus críticas sociales son más notables. Los chistes sobre la vida familiar, los roles tradicionales y la expectativa de que la esposa se adapte dócilmente al mundo del esposo están constantemente presentes. Y lo interesante es que nunca se sienten forzados.
Hay episodios que, francamente, se sienten feministas para su época. Samantha posee un poder inmenso —literalmente puede alterar la realidad con un movimiento de nariz— pero elige restringirse para no incomodar el ego social de su esposo. Esa tensión entre su poder real y el poder social masculino es uno de los motores más fascinantes de la serie. Darrin no es un villano; es un hombre de su tiempo, con rasgos machistas que la serie expone con humor en lugar de demonizarlo. Y ahí está la genialidad: la crítica no es agresiva, es elegante.
Además, la serie aborda temas como la tolerancia, los prejuicios y la diferencia. El simple hecho de presentar a las brujas protagonistas como descendientes de mujeres perseguidas en cacerías históricas ya abre una lectura simbólica poderosa. Pero Hechizada jamás se vuelve densa ni controversial en tono; todo se siente liviano, encantador, casi juguetón. Y sin embargo, nada es superficial.
Elizabeth Montgomery fue el corazón absoluto del programa. Su interpretación era cálida, inteligente, con una sonrisa que parecía esconder siempre un comentario irónico. Y Agnes Moorehead como Endora aportaba una energía teatral, sarcástica y deliciosamente subversiva que elevaba cada escena.
Cuando la veo hoy —ya sea en recuerdos de adolescencia o en algún episodio suelto en añguna plataforma de streaming— sigo encontrando capas nuevas. Bewitched no gritaba sus intenciones, no hacía discursos ideológicos explícitos, pero estaba ahí, cuestionando con elegancia la rigidez social de su tiempo.
Si I Dream of Jeannie es confort puro, Bewitched es confort con filo.
Si Jeannie jugaba con el caos, Samantha lo comprendía.
Y en esa comprensión, silenciosa pero firme, hay algo profundamente moderno.
No es solo una sitcom mágica de los 60s. Es una comedia inteligente que entendió que el humor puede suavizar el debate sin eliminarlo. Y eso, para su época —y para la nuestra— es una forma muy sofisticada de resistencia.