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jueves, 29 de enero de 2026

Friends /Amigos (serie de TV sitcom de USA. Años 1994 – 2004; 10 temporadas).


Mi puntuación como fan de las series de TV (no experto crítico): 
☆☆☆1/2 — Muy buena — 9/10 — Definitivamente digna de ver.


Friends /Amigos fue, sin exagerar, la sitcom de prime time por excelencia de los 90s. En mi adolescencia, allá en Panamá, era la serie de moda: la que todos veían, la que se comentaba, la que definía conversaciones y referencias culturales. A diferencia de Dream On o Baby Boom, que descubrí casi como joyas nocturnas, Friends era un evento televisivo a plena luz, con promoción, horarios estelares y una popularidad arrolladora. Y sí, la vi completa en televisión local, capítulo tras capítulo, en el momento justo en que el mundo parecía girar alrededor de seis amigos en Nueva York.


Creada por Marta Kauffman y David Crane, Friends se emitió en Estados Unidos por NBC entre 1994 y 2004, con 10 temporadas y 236 episodios, convirtiéndose en una de las sitcoms más exitosas de la historia de la televisión. Antes de Friends, este dúo creativo ya había dejado huella con una de mis súper favoritas: Dream On (HBO, 1990–1996), una comedia, de la cual ya comenté aca hace unos dias, mucho más adulta, arriesgada y experimental, lo que resulta curioso si se piensa en lo convencional que Friends / Amigos puede parecer en comparación. Ambas series comparten una mirada sobre la vida emocional adulta, pero desde registros completamente distintos, como si fueran dos caras del mismo universo creativo.


Y hablando de universos compartidos, Friends pertenece a ese pequeño pero delicioso cruce televisivo noventero que algunas series hacian entre sí, en este caso fue con Mad About You (1992–1999). El vínculo más recordado es Ursula Buffay, la hermana gemela de Phoebe, interpretada también por Lisa Kudrow, quien apareció primero en Mad About You como una camarera excéntrica antes de ser incorporada al mundo de Friends, creando una conexión directa entre ambas series. Ese detalle, tan propio de los 90s, reforzaba la sensación de que estas sitcoms coexistían en una misma Nueva York televisiva.


El elenco principal —Jennifer Aniston, Courteney Cox, Lisa Kudrow, Matt LeBlanc, Matthew Perry y David Schwimmer— se convirtió rápidamente en un fenómeno cultural y en uno de los repartos más reconocibles del planeta. La química entre ellos fue clave para el éxito, así como una escritura ágil, chistes efectivos y una producción pulida, pensada para agradar a públicos amplios sin perder del todo la personalidad.


Años después, ya entrados los 2000s, poco tiempo después de que la serie terminara, la volví a ver en repeticiones en El Salvador, esta vez como adulto hecho y derecho. Y la experiencia fue distinta, pero igual de disfrutable. Nunca me pareció una serie excelente ni profundamente innovadora, pero sí muy graciosa, altamente entretenida y tremendamente eficiente en lo que se proponía hacer.


Mi personaje favorito siempre fue Phoebe, sin discusión: ese toque excéntrico, medio hippie, aparentemente ingenua, a veces casi psicópata aunque de una forma benigna y encantadora, la hacía única. Lisa Kudrow le dio una energía impredecible que rompía constantemente la armonía “bonita” del grupo, y eso la volvía indispensable. En el extremo opuesto estaba Ross, el personaje que menos soportaba: nunca entendí qué le veía Monica, y honestamente hasta Janice, con su risa estridente y exagerada, me resultaba muchísimo más encantadora a su lado. Y eso dice mucho.


Uno de los grandes placeres de Friends eran también sus cameos: actores y actrices famosos de Hollywood apareciendo cuando la serie ya era un éxito masivo tanto en Estados Unidos como en Centroamérica —y, muy probablemente, en buena parte de Latinoamérica—. Cada aparición especial reforzaba la sensación de estar viendo un fenómeno cultural en tiempo real.


Vista hoy, Friends es claramente hija de su época: tiene limitaciones, repite fórmulas y evita profundizar demasiado en conflictos incómodos. Pero también tiene algo innegable: sabe entretener, sabe hacer reír y sabe acompañar. No fue una serie que me definiera ni me transformara, pero sí una que disfruté intensamente en dos momentos muy distintos de mi vida.


Tal vez Friends no fue perfecta, pero logró algo que pocas series consiguen: convertirse en parte del paisaje emocional de toda una generación. Y eso, guste o no, es una forma muy poderosa de trascendencia.





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