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sábado, 11 de octubre de 2025

Phantasm (1979).

 

Mi puntuación como fan del cine (no experto crítico): 

☆☆☆1/2 — Muy buena — 9/10 — Definitivamente digna de ver.


Hay películas que uno siente que debe ver no solo por obligación cinéfila, sino porque su mera existencia parece un secreto a voces entre fanáticos del cine B, del horror extraño, del culto puro. Phantasm es, sin duda, una de ellas. Llevaba años oyendo su nombre como una especie de leyenda urbana del cine: “Tenés que verla, es una locura”, “Tiene bolas voladoras asesinas”, “Es como Lovecraft mezclado con ciencia ficción psicodélica”, decían algunos. Yo la descubrí por un youtuber hace unos 10 años, pero fue recién hace unos meses que la encontré en esa misma plataforma (la maravillosa YouTube) medio oculta por ahí en un canal de peliculas antiguas. La vi. Y quedé encantado, confundido y perturbado a partes iguales. Aunque en un análisis final me pareció casi excelente, no excelente.


Estrenada en 1979, Phantasm es el producto de una de esas mentes que funcionan fuera del sistema: Don Coscarelli, quien escribió, dirigió, fotografió y editó esta joya lisérgica con apenas 300 mil dólares de presupuesto. Una ópera prima de locura independiente que, contra todo pronóstico, se convirtió en un filme de culto, generando una saga de cinco entregas y una legión de fans fieles que aún debaten su significado.


La historia —si es que se le puede llamar así— gira en torno a Mike, un niño huérfano que, tras la muerte de su hermano, empieza a sospechar que el siniestro director de la funeraria local (el icónico Tall Man, interpretado con elegancia monstruosa por Angus Scrimm) está haciendo cosas no-muy-humanas con los cuerpos. A partir de ahí, el relato se va torciendo hacia lo irreal: esferas flotantes que perforan cráneos, enanos encapuchados que parecen salidos de un delirio de Dune, portales dimensionales y un sentido constante de que la realidad no es confiable.


Y ahí está el punto fuerte de Phantasm: su atmósfera. Más que una historia con estructura, lo que Coscarelli construye es una pesadilla. Todo en la película parece existir bajo las reglas de un mal sueño: los cortes abruptos, la lógica flotante, las imágenes desconectadas pero intensas. No es terror “realista” ni siquiera gore al uso, es un terror sensorial, sucio, perturbador, cargado de simbolismo y desconcierto.


Visualmente, a pesar del muy bajo presupuesto, la película tiene momentos hipnóticos. La fotografía de Coscarelli tiene ese grano del cine setentero, pero con composiciones que parecen sacadas de una pesadilla gótica. Y la banda sonora, compuesta por Fred Myrow y Malcolm Seagrave, es otro de sus aciertos: minimalista, repetitiva, casi electrónica, como una versión maldita del score de Halloween.


En cuanto a las actuaciones, lo mejor es Angus Scrimm, que se roba cada escena como el “Tall Man”, figura delgada, vestida de negro, con un rostro cadavérico que parece haber salido de un cuento macabro. Su simple aparición en pantalla genera incomodidad. Mike (A. Michael Baldwin) es un protagonista curioso, más pasivo que heroico, pero eso le da cierto aire infantil que funciona dentro de este mundo onírico.


Ahora bien, el final… El famoso final. Ese giro en el que todo —quizás— fue un sueño, una alucinación, una especie de proceso de duelo interno de Mike… puede que decepcione a quienes buscan una conclusión clara o una mitología sólida. Pero, si se lo piensa desde el terreno del horror cósmico, tiene sentido. Como con Lovecraft, no se trata de explicar, sino de sugerir que hay algo mucho más grande y ajeno a nuestra comprensión: otras dimensiones, otros mundos, otras leyes físicas. No es casualidad que hasta el último tercio del filme uno no entienda que está viendo ciencia ficción y horror cosmico disfrazados de terror sobrenatural.


Ese tipo de horror —el de los seres multidimensionales, el de realidades rotas— es, en mi opinión, uno de los más escalofriantes. Porque no se le puede disparar, ni rezar, ni razonar. Hace que los asesinos en serie y fantasmas típicos del cine parezcan niños de kinder. Solo los demonios y algunos seguidores de Trump podrían igualar esa magnitud de horror, jajajaja.


Phantasm fue un éxito grandísimo en taquilla (recaudó más de 12 millones de dólares, una cifra enorme para su presupuesto de  300 mil dólares), pero su legado es aun mucho más grande que su éxito comercial. Es una obra que sigue viva porque no hay nada igual. Porque, más que contar una historia, invoca una emoción: la del miedo puro, primitivo, ancestral. Y eso, en el cine de horror, es oro puro.




Lost Souls / Almas Perdidas (2000).


Mi puntuación como fan del cine (no experto crítico): 

☆☆☆1/2 — Muy buena — 9/10 — Definitivamente digna de ver.


A finales de los años 90 e inicios del 2000, el cine de horror vivió un renacer apocalíptico. El cambio de milenio trajo consigo no solo ansiedades informáticas (¿recuerdan el Y2K?), sino también una ola de películas que exploraban el fin del mundo desde ángulos espirituales y oscuros. En ese contexto llegó Lost Souls, dirigida por Janusz Kaminski —más conocido como el director de fotografía de Steven Spielberg—, quien aquí se aventura a dirigir su primer largometraje con una estética gótica y una atmósfera visual profundamente cuidada.


La película sigue a Maya Larkin (Winona Ryder), una mujer marcada por el fanatismo y el trauma, quien se une a un grupo de exorcistas católicos para detener el nacimiento del Anticristo. El elegido para esta transformación demoníaca es Peter Kelson (Ben Chaplin), un intelectual y escritor escéptico, cuya vida comienza a girar lentamente hacia lo inexplicable.


Desde el primer fotograma, Lost Souls impacta visualmente. Kaminski imprime su firma fotográfica —luces difusas, encuadres estilizados, tonos verdosos y amarillentos— que otorgan al filme una textura casi pictórica. Hay imágenes que parecen sacadas de una postal barroca o una pesadilla sacra: el venado que aparece en el tramo final es un ejemplo perfecto, casi una pintura gótica en movimiento. Incluso escenas más convencionales como las de interiores urbanos o calles desiertas están filmadas con una elegancia casi sobrenatural.


Lo actoral recae fuertemente en la figura etérea de Winona Ryder, quien, aunque algo contenida en su interpretación, logra transmitir la intensidad silenciosa de una mujer al borde de la obsesión. Hay momentos en que sus susurros —dirigidos casi como oraciones agresivas— retumban más que cualquier efecto sonoro. Ben Chaplin, por su parte, ofrece una actuación más sobria, contenida, lo que equilibra el tono a veces excesivamente dramático del filme.


Musicalmente, la banda sonora de Jan A.P. Kaczmarek es sutil pero efectiva, acentuando la tensión sin volverse invasiva. Los coros y arreglos tenebrosos se alinean con la tradición del cine de posesiones, evocando claramente influencias de The Exorcist (1973), película a la que Lost Souls le debe mucho, como también a The Omen (1976) y Stigmata (1999), esta última su hermana espiritual de época de fin de milenio y género.


Sin embargo, y a pesar de su impresionante empaque visual, Lost Souls carece de un guion verdaderamente sustancioso. La trama, si bien intrigante en su premisa, se siente lineal, predecible, y por momentos simplemente reciclada. Hay buenas líneas de diálogo, sí, y escenas memorables como la de los perros o el enfrentamiento final, pero no alcanzan para dotar al conjunto de una verdadera fuerza narrativa. Es una película que parece construida para la mirada, más que para el pensamiento o el escalofrío.


En términos de recepción, Lost Souls fue un fracaso comercial, con una recaudación modesta de alrededor de 16 millones de dólares frente a un presupuesto estimado de 50 millones. Fue eclipsada ese mismo año por propuestas similares como End of Days (con Schwarzenegger) y la mencionada Stigmata. La crítica tampoco fue indulgente: muchos señalaron su belleza superficial pero vacía, una crítica justa pero tal vez incompleta.


Porque Lost Souls tiene algo que otras no: estilo. Puede que no reinvente el subgénero del horror satánico, ni entregue una historia inolvidable, pero lo que le falta en sustancia lo compensa con una dirección visual soberbia, una atmósfera única y momentos que, como ese ciervo fantasmal o el rostro iluminado de Ryder en la oscuridad, se quedan flotando en la memoria del espectador más sensible al cine como experiencia estética.




viernes, 10 de octubre de 2025

Dark Water / Agua Turbia (2005).


Mi puntuación como fan del cine (no experto crítico): 

☆☆☆1/2 — Muy buena — 9/10 — Definitivamente digna de ver.


Hubo en los 2000s una moda de cine paranormal en Hollywood iniciada por remakes estadounidenses de películas de terror y horror japonesas como The Ring / El Aro y The Grudge / La Maldición. De esas, en su momento solo Dark Water vi en cine; las demás me las topé años después en DVD. Y bueno, el punto es que Dark Water me pareció casi excelente. Solo que el final me deprimió un poco: ver a esa niña fantasma tan decadente, corrompida en su ternura y en su amor… ufffff. Me pareció algo cruel en ese aspecto, porque fue un final triste de maldad triunfante, pero no cualquier maldad, sino algo derivado de inocencia infantil corrompida por la tristeza. Muy deprimente para mi gusto. Aun así es gran terror psicológico, sobrenatural, con buenos jump scares y escenas envolventes.


Dark Water es un remake estadounidense de la versión japonesa de 2002 dirigida por Hideo Nakata, basada en el cuento corto Floating Water de Koji Suzuki. 


Esta versión de 2005 fue dirigida por Walter Salles, con guion de Rafael Yglesias. Protagoniza Jennifer Connelly como Dahlia Williams, junto a Ariel Gade (su hija Ceci), Tim Roth, John C. Reilly, Pete Postlethwaite, entre otros. 


Su duración alrededor de 105 minutos y su presupuesto estimado fue de unos US$30 millones; la película recaudó aproximadamente US$68.3 millones en todo el mundo. 


Lo que me gustó o encantó:


Gran atmósfera: esos apartamentos deteriorados, la humedad, las manchas de agua negra, el sonido doliente del goteo, la lluvia, los espacios mal mantenidos. Todo eso contribuye a un terror que no depende solo de sustos, sino del ambiente, del agobio, de la sensación de abandono. 


Actuaciones sólidas: Jennifer Connelly logra hacer creíble esa madre agobiada, con culpa, con esperanza, con miedo. La relación con Ceci tiene momentos muy humanos. Los personajes secundarios ayudan a darle textura al horror, lo hacen menos “solo fantasmal” y más real. 


Mezcla de lo psicológico y lo sobrenatural: no es puro susto; hay drama, ansiedad, peleas de custodia, sentimientos de abandono, miedos reales. Esa combinación hace que el horror sobrenatural tenga más peso, cuando ocurre. 


Escenas muy memorables: la niña fantasma (“Natasha”), el derrame del agua y el olor a humedad, escuchar goteos o ver manchas que se expanden; la sensación de que no puedes confiar en tus propias paredes o en qué tan seguro es tu espacio. Esas escenas te revuelven por dentro. 


Lo que no terminó de convencerme del todo:


Ritmo desigual: hay ratos en que la película parece alargar lo que pudo haber sido más breve, con escenas de transición que disminuyen la tensión. Algunos críticos dicen que la película “se hunde” en atmósfera pero no termina de entregar sustos contundentes en algunos momentos. 


El final: como ya dije en esta reseña, muy cruel, muy triste, lo supera mucho lo emocional y eso esta bien pero quizá le faltó un poco más de “explicación sobrenatural” o al menos de cierre para quien necesita atar cabos. Para mí eso emocional desolador debió intensificar el impacto, no diluirlo. Algunos opinan que el remake pierde parte del misterio que tenía la versión japonesa en eso. 


Expectativas vs ejecución: con la moda de remakes de horror japonés, uno esperaba algo tan contundente como The Ring o The Grudge. Dark Water entrega muchas cosas buenas, incluso excelentes, sí, pero no rompe del todo el molde. Hay belleza, hay sustos, pero también cierta familiaridad en tropos ya vistos... Esa palabra "tropos" esta esta como de moda ¿verdad?


Volviendo a ese se final, a pesar de todo tiene cosas que me gustaron mucho, con la niña fantasma, la ternura corrompida, la imagen de Dahlia enfrentando el terror en un espacio lleno de agua, ese momento en que la maldad parece heredar la inocencia... fue algo que me dolió y me dejó pensando días después. Porque no es solo “película de fantasmas”, es algo sobre lo vulnerable de la infancia, lo que puede hacer una madre por proteger, lo que puede quebrarse cuando el abandono se mezcla con lo sobrenatural.


Y ese toque personal en toda la película es genial: aunque no fue la película más excelente que haya visto, hizo que recordara noches de lluvia, techos filtrados, cuartos húmedos, como si el silencio contuviera peligro. Esa capacidad de que una película te deje con el peso del agua, del sonido lento del goteo, del miedo a que algo crezca en la oscuridad, incluso después de apagar luces, es lo que la convierte en algo más que solo “entretenimiento”.





jueves, 9 de octubre de 2025

The Blair Witch Project / El Proyecto de la Bruja de Blair (1999).


Mi puntuación como fan del cine (no experto crítico): 

☆☆☆1/2 — Muy buena — 9/10 — Definitivamente digna de ver.


Esta fue una de las primeras películas que vi en cine cuando ya había regresado a El Salvador, siendo ya un veinteañero, sintiéndome extranjero en mi propia tierra — criado en otro país centroamericano más cosmopolita, bastante distinto. Desde Panamá traía la expectativa alta: el marketing era impresionante, escalofriante, esa campaña de rumores, carteles, la web, testimonios de que lo que verías podría ser real… algo raro para la época.


Mi amiga Jeannette de Panamá — a quien ya he mencionado algunas veces en este blog — me decía por cartas escritas a mano que, cuando ella vio ...Blair Witch..., la sala quedó en silencio al final; que no hubo murmuros, nadie hablaba al salir, como si todos estuvieran procesando algo que los había movido por dentro.


Yo, por mi parte, la película no me pareció verdaderamente terrorífica en su mayor parte. Sí, es más suspenso que horror puro, con momentos de tensión bien logrados, pero también con ratos que se sienten lentos, algo melodramáticos, casi superficiales. No obstante, es una película muy buena, aunque no la calificaría de excelente. El final, aunque muy original, me dejó con cierto vacío por su falta de explicación clara de lo sobrenatural.


Pero luego, llegó lo que jamás olvido: esa noche, al dormirme en mi cuarto, justo a la medianoche o cerca, me desperté oyendo los mismos ruidos de piedrecitas que en la película la Bruja hace, al comenzar a acechar a sus víctimas. Piedrecitas golpeando algo, tal vez la pared, quizá el suelo fuera… fueron momentos sutiles, pero reales para mí. Que horror. Claro, pudo ser una coincidencia o que me sugestione, pero siendo honesto, NO quería pensar que era algo paranormal — no porque no crea, sino porque imaginarlo fue simplemente horrible. Fue la única película de terror que de adulto me ha aterrorizado de esa forma. No fue pesadilla, sino algo que viví despierto.


Dirigida por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez. Esta pelicula fue concebida con un presupuesto bajísimo — unos US$60,000 aproximadamente — y filmada con cámaras portátiles, movimientos reales, clima cambiante, poca preparación, para lograr ese estilo de metraje encontrado (“found footage”) que quiere hacerte dudar entre lo real y lo ficticio. 


A pesar de su bajo costo, The Blair Witch Project fue un enorme éxito comercial: recaudó cerca de US$248.6 millones en todo el mundo. En EE.UU. ganó alrededor de US$140.5 millones, y afuera otros US$108 millones. 


La recepción crítica fue mayormente positiva: tiene un 86‑87% de críticas favorables en Rotten Tomatoes, con elogios por su atmósfera, la sugestión más que lo explícito, el efecto de lo desconocido. 


Y para mí:


Lo que merece aplausos:


La atmósfera: bosques oscuros, sonidos sin identificar, pasos que no sabes si vienen, voces lejanas, gritos a lo lejos… todo ello construye una tensión lenta, que calienta el miedo más que los efectos.


Marketing y expectativa: pocas películas me han hecho creer tanto en algo que parecía mezcla de documental, leyenda urbana y experimento; ese aire de “¿y si fuera real?” pesa mucho.


Final original: aunque no da todas las respuestas, esa ambigüedad, esa sensación de abandono, de que quizá nunca sabremos qué pasó con los personajes, eso se queda.


Lo que me dejó con ganas de más:


Ritmo desigual: hay momentos en los que parece que avanzas en círculos (justo como los personajes), escuchas los mismos susurros o pasos una y otra vez, y la paciencia se pone a prueba.


Conexión emocional limitada con los personajes: como que no los conocemos lo suficiente para sufrir todos sus miedos al máximo.


Explicaciones sobrenaturales ausentes, lo cual puede ser virtud o defecto: para mí fue defecto, porque quería sentir más que dudar; quería que algo de lo sobrenatural se mostrara o al menos se sugiriera con más fuerza.


A pesar de todo, The Blair Witch Project es más que solo “muy buena”: tiene algo que se mete bajo la piel, en la mente, en los ruidos en la pared, en el silencio después de ver la pantalla en negro. No es mi película de terror favorita, ni la más contundente en sustos, pero sí una de las más originales que he visto. Esa experiencia personal — regresar, ver el cine, sentirme extranjero, anticipar algo gigante, y luego despues de ver el filme llegar a algo tan simple como un ruido en la pared que me paraliza — hace que esta película sea especial para mí.


Fue el filme que me hizo darme cuenta de que el cine de terror puede ser silencioso, puede usar lo que no se ve, lo que se imagina, lo que se escucha — y que hasta un presupuesto mínimo puede generar sustos posteriores y huellas en el alma y la mente.






miércoles, 8 de octubre de 2025

What Lies Beneath / Revelaciones (2000).

Mi puntuación como fan del cine (no experto crítico): 

☆☆☆ — Buena — 8/10 — Digna de ver.


Ví este thriller de terror What Lies Beneath / Revelaciones en el cine justo cuando salió, con esa expectativa de “gran película de Hollywood”, estrellas, misterio, lo sobrenatural… y la verdad es que fue un sube y baja de sensaciones que hasta ahora no se me olvida. Tiene momentos realmente sobresalientes, pero también huecos que hacen que uno cierre los ojos un segundo… solo un segundo, tratando de entender porque lo editaron o dirigieron así.


Desde lo más evidente: Michelle Pfeiffer. Dios mío, qué presencia, qué elegancia, qué mirar, qué voz, qué expresión. Y Harrison Ford, claro — siempre tan carismático, tanto en el rol de esposo ideal como en esas grietas morales que se empiezan a notar conforme avanza la película. Verlo a él actuando “el hombre normal” que oculta algo fue algo que me sorprendió: ya no solo es el héroe que salva el día, sino alguien con sombras, con secretos, con algo que no resuelve con disparos sino con silencios.


Esa mezcla de terror sobrenatural + asesino psicológico es ambiciosa: el guion toma ideas de lo hitchcockiano (vigilancias, espejos, puertas que se abren solas) mezcladas con fantasmas, con lo inexplicable, con esa vibración de “¿será real, paranormal o será paranoia?”, que en los buenos momentos funciona de maravilla. Tiene un giro inesperado a mitad de película que me sorprendió lo suficiente. Y la escena de la bañera… ufff, memorablísima: esa combinación de intimidad, vulnerabilidad, terror que se desliza silencioso hasta explotar de golpe. Casi rivaliza con la escena de la ducha de Psycho / Psicosis (1960), no la iguala, pero casi casi.


Me encantó:


Su Estética gótica‑moderna: la casa, la luz, el lago, las escenas nocturnas, el silencio después de un sonido raro, todo muy bien logrado visualmente. Tiene momentos de belleza espeluznante. 


Producción de alto vuelo: presupuesto estimado de US$100 millones, estrellas de primer nivel, buen equipo técnico, dirección de Robert Zemeckis, música de Alan Silvestri que me recordó a la de Danny Elfman.


Impacto emocional en algunos momentos: la tensión cuando lo sobrenatural irrumpe, la sencillamente soberbia y triste escena final en el cementerio, la escena de la bañera, la revelación final. Son momentos que se sienten. 


Lo que no me gustó:


Desarrollo de personajes algo apresurado: algunos diálogos y situaciones parecen medios forzados, como si tuvieran que llegar rápido al próximo susto o al próximo giro, sacrificando profundidad. Sientes en algunos momentos que podrían haber explorado más la psicología de Claire, la culpa, el miedo interior. 


Edición / ritmo: la película es larga (2 h 10‑130 minutos) pero aun asi se siente apresurada con edicion como que omitieron mucho que era esencial, y aunque esos primeros bloques de suspenso funcionan, hay tramos en los que la tensión decae, y los sustos/detalles sobrenaturales llegan cada vez más cerca del final, lo que genera cierta presión, sí, pero también algunas inverosimilitudes o escenas que pudieran haber sido más impactantes si no estuvieran comprimidas. 


La inconsistencia en la mezcla "sobrenatural vs psicópata": a ratos parece querer ser un thriller psicológico, a ratos un film de terror de fantasmas clásico, y a veces esos cambios de tono no se sienten fluidos del todo. Hay momentos en los que el horror sobrenatural podría haber sido explotado con más sutileza para que el impacto sea mayor.


En fin, me pareció bastante buena pero sin estar en la categoría de muy buena: definitivamente no la mejor película de terror que he visto, pero sí lo suficiente como para quedarme pensando en ella días después, con imágenes que se me quedaron clavadas (la bañera, el cementerio, los momentos en silencio antes del sobresalto). Tiene algo de Hitchcock, algo moderno, algo “cine de estrellas” que no siempre se usa bien en el terror, pero aquí funciona bastante.


Le faltó más tiempo para respirar, para que el terror sobrenatural se construya con más misterio antes de desplegarse, para que algunos personajes secundarios tengan más peso emocional. Pero también es parte de su encanto que a pesar de todo ello uno se deje llevar, que las luces, los sonidos, esos susurros, las revelaciones, te mantengan enganchado. Para mí fue Robert Zemeckis con un toque de Burton y bastante de Hitchcock... con un poquitín de pretensiones.

Para mí fue Robert Zemeckis con un toque de Burton y bastante de Hitchcock... con un poquitín de pretensiones.






martes, 7 de octubre de 2025

Fright Night / La Hora del Espanto (1985).

 Mi puntuación como fan del cine (no experto crítico): 

☆☆☆ — Buena — 8/10 — Digna de ver.


¿Una comedia de terror? ¿Un vampiro seductor? Sí, Fright Night (1985) es una de esas películas que me atrapó siendo adolescente: fue quizá la primera del subgénero terror-comedia que vi, donde las risas y los sustos tienen el mismo peso, y donde además el héroe se ve bien… y el villano te hace pensar en dejarle flores, literal.


Desde el principio, con Charley Brewster (William Ragsdale) viendo la llegada del nuevo vecino —ese Jerry Dandridge interpretado por Chris Sarandon— ya hay algo magnético. Sarandon como vampiro no solo tiene presencia, tiene elegancia, tiene malicia juguetona, tiene mirada penetrante… y sí, lo admito: me lo encontré atractivo, en ese estilo peligroso de hombre que vive al otro lado de la ventana y que podría ser completamente guapo si no fuera vampiro. El héroe, Charley, no es un musculoso invencible; es un muchacho normal, fanático del cine de terror (como yo lo fui... y aún lo soy), con sus dudas, su valor que brota poco a poco, su torpeza, su vulnerabilidad… lo cual lo hace más creíble, más cercano, y sí, también más guapo en su forma de enfrentarse al mal sabiendo que podría perder.


Técnicamente Fright Night maneja con mucha soltura el equilibrio entre comedia y terror. Dirigida por Tom Holland en su debut, la película juega con la atmósfera de vecindario oscuro, el suspenso de lo que no se ve, los efectos prácticos de vampiro, los momentos de tensión —cuando Jerry aparece o amenaza o seduce— y luego los respiros de humor, con Charley, con su amigo “Evil” Ed Thompson (Stephen Geoffreys), con el presentador de horror en TV, Peter Vincent (Roddy McDowall), quien tiene ese aire cínico/bohemio, ya algo gastado, pero con chispa. 


En cuanto a taquilla, Fright Night lo hizo bastante bien para lo que era el cine de terror/comedia de los 80s: con un presupuesto estimado de US$7‑9 millones, recaudó cerca de US$24.9 millones en EE. UU. en su lanzamiento. No fue un blockbuster de muchos millones, pero sí un éxito claro, sobre todo por lo diferente que era: terror amable, risas medianamente oscuras, vampiros de traje elegante, suspenso en la puerta de al lado. 


Lo que hace a Fright Night muy entretenida y sorprendente es esa mezcla: no te permite relajarte completamente, porque sabes que hay vampiros, muertes, sangre, mordiscos, pero tampoco te tiene con el susto todo el tiempo. Hay humor que muchas veces aligera la tensión, pero cuando llega lo serio lo hace funcionar de verdad. Esa combinación fue (y sigue siendo) de las mejores que he visto.


Vi la otra vez el remake con Colin Farrell (como el vampiro) y, sí, tiene cosas buenas: efectos más modernos, un ritmo actualizado, actuaciones más pulidas visualmente, posibilidades que en los 80s no existían. Pero para mí, el original se roba algo que el remake no termina de igualar:


En el original, Chris Sarandon como vampiro tiene esa seducción oscura + elegancia + maldad juguetona que lo vuelve inolvidable, y el héroe Charley (Ragsdale) con su valentía imperfecta lo hace muy querible.


En el remake, aunque Colin Farrell es impresionante en presencia y atractivo en su propio estilo, parece que él como villano se roba tanto la película (el vampiro) que el héroe queda un poco en segundo plano emocionalmente, o al menos no me llegó igual que esa mezcla de miedo+empatía+risa que lograba el original.


También siento que en la versión de los 80s hay más encanto en los efectos prácticos, en la música, en la atmósfera de película de medianoche, de VHS, de cine de barrio, que en el remake, que aunque moderno pierde algo de esa textura nostálgica.


Frifht Night me pareció buena, no demasiado buena, pero poco mas que simplemente buena porque cumple con lo que promete: vampiros, humor, susto, héroe atractivo, villano aún más atractivo, escenas memorables, tensión bien medida. No es perfecta porque algunos diálogos se sienten simplones, algunas escenas de transición lentas, ciertos efectos exagerados o sobreactuaciones que ya se sienten cliché, pero —y es un pero de admirador— esos defectos forman parte de su encanto. 


Ohhh, y el final tiene fuerza, no es solo la victoria del héroe, sino el enfrentamiento, el duelo, la revelación, la ambigüedad de lo que significa creer en lo sobrenatural cuando el mundo te dice lo contrario. La pelicula también es un sencillo y genial homenaje a esos shows de antaño de Estados Unidos donde un presentador o presentadora peculiar y sexy, como Vampira y Elvira -50s y 80s respectivamente- presentaban una pelicula de terror en la noche. ¡Súper!








lunes, 6 de octubre de 2025

Mad Jake / Blood Salvage (1990).

Mi puntuación como fan del cine (no experto crítico): 

☆☆☆☆ — Excelente — 10/10 — No te la pierdas.

Esa vez, otra vez, un viernes o sábado de los 90s en la tele local de Panamá, me topé con Mad Jake. Y déjame decirte: fue una de esas primeras películas de serie B que me marcaron para siempre. Desde los primeros minutos —cuando los personajes son atrapados y arrastrados al reino de la chatarra y el horror— sentí una descarga de adrenalina que pocas cintas logran provocar.


La historia gira alrededor de la familia de Jake Pruitt —obsesivo, retorcido, demente— que con su chatarra en terrenos rurales convierte autos averiados en trampas mortales: remolcan, experimentan, comercian con órganos, torturan. La protagonista, April Evans, inmovilizada en una silla de ruedas, sufre una pesadilla viviente. Pero lo que la salva es su fuerza de carácter: ese arco de final girl es simplemente espectacular, uno de los mejores que he visto.


No es que el guion sea profundo: está lleno de agujeros, motivaciones dudosas y momentos que dependen del azar. Pero cuando la atmósfera funciona —los pozos oscuros del depósito de chatarra, los gritos en la noche, los pasillos lúgubres—, el horror se siente auténtico, visceral, crudo. El gore barato tiene su gracia: escenas que te incomodan lo suficiente para apartar la mirada pero que se quedan tatuadas en la memoria. Y entre clímax y descansos hay detalles absurdos: la camioneta con púas, los monólogos delirantes de Jake, incluso la mascota-cocodrilo... momentos que sólo una serie B con corazón puede permitirse.


El final me fascinó, es tan intenso y brutal, y sencillamente sorprendente. Es perfecto, tiene esa fuerza salvaje que remata una pesadilla desplegada durante casi toda la película. Esto es cine barato con carácter, sin pretensiones, hecho para sacudirte y dejarte con el pulso latiendo.


No he cisto la ipinion de criticos sobre este filme, pero para mí es excelente dentro de lo que pretende: un film de medianoche, de los que se disfrutan viendo con amigos, con papitas, lejos de pretensiones, con risas nerviosas, con sustos baratos y escenas que uno recuerda con mezcla de vergüenza ajena y orgullo friki.


Si me preguntas, tiene esa belleza imperfecta que solo tienen las películas que sabes que podrían haber sido diferentes, mejores, pero que en su defecto te dan justo lo que necesitabas: emoción barata, horror crudo, final girl con coraje, y ese sabor ochentero/noventero de cine de horror puro, sin filtros.


Por cierto, pronto en mi blog Pulp Mix  estrenare una novela corta pulp inspirada en Mad Jake, un homenaje cargado de horror, adrenalina y terror trepidante.